Invictus


El domingo día 31 de Enero disfruté de una maravillosa película que acababa de estrenarse, Invictus. Me interesó no sólo por el deporte sino por el mensaje que intuía habría detrás de una historia de un pueblo y de un hombre que transformaron el mundo. Lo que me pasó al verla fue curioso porque provocó en mi una serie de emociones que me hicieron conectar y resonar con diferentes momentos de mi vida actual. Dicen que las cosas que nos ocurren, en los momentos que nos ocurren, no son por casualidad, y de esto doy fe en más de una ocasión. La figura de Nelson Mandela me despertó algunos aspectos interesantes con los que quiero detenerme brevemente y realizar una pequeña reflexión que me ayude a tomar mayor conciencia.

El perdón es el primero de ellos. Parece increible pero Mandela fue capaz de PERDONAR con mayúsculas después de 30 años en la cárcel. Se dice pronto. Y yo me pregunto ¿qué nos inspira el perdón?, ¿qué ganamos cuando perdonamos?, ¿y cuándo nos perdonan?, ¿en qué tipo de seres humanos nos convertimos al perdonar?... Desde mi experiencia, el perdón es la mejor de las medicinas para sentir paz interior. Cuando he perdonado me he sentido aliviada y más tranquila. Cuando lo he hecho, me he sentido también más humana. De eso estoy segura. Por otro lado, cuando he sido perdonada siempre he necesitado dar las gracias por el gesto de generosidad que el otro ha manifestado conmigo. El perdón nos engrandece a ambos, al que perdona y al que es perdonado. ¡Qué bueno que haya seres humanos como Mandela que se atreven a perdonar tanto!

Otro aspecto con el que me tocó Mandela es su capacidad para LIDERAR desde la INSPIRACIÓN. En la primera conversación que mantiene con el capitán del equipo de rugby, él quiere inspirarle para que a su vez inspire a sus jugadores, y que estos lo hagan con todo un país. "Un equipo, un país" este es el lema que les acompaña durante toda la historia. Entendí que inspirar es transmitir con pasión, con convencimiento y coherencia, con seguridad e integridad... es conseguir que el otro se empape también de tu ideal, de tu propósito, para hacerlo suyo. Inspirar tiene que ver con el cambio, con la transformación porque es una invitación a mirar la realidad con otros ojos y a actuar con otro fin. Es el comienzo de algo diferente que yo siento y quiero que sea también para mi.

En estos días que tengo bajo mi responsabilidad el lanzamiento de un proyecto estratégico en mi empresa, donde estamos implicados los 30 trabajadores que somos en España, ahora sé que es ese el tipo de liderazgo que necesito para poder entusiasmar a mis compañeros y compañeras en este primer momento, porque desde la inspiración es más sencilla la transformación, que no es otra cosa que acción y compromiso.

El tercer aspecto que me resonó fue la SENCILLEZ acompañada de HUMILDAD. En todo momento la película refeleja a un Mandela presidente de Sudáfrica tremendamente próximo a su gente, sin galones, ni medallas, capaz de presentarse como un hombre que conversa de lo cotidiano, pero que al mismo tiempo está a la altura de las grandes decisiones. Me gusta la gente así, la que es capaz de arriesgarse bajando de los glamoures e impertinencias del ego, para valorar y vivir en lo terrenal y mundano. A este tipo de personas las siento más, me llegan más... las admiro más, porque se atreven a romper las barreras y distancias que nos genera nuestra limitadora interpretación.

Hoy quiero ilustrar esta reflexión con una fotografía que la titularé "¡Bravo Mandela!", porque cuando el mar choca contra la piedras de la costa con pasión y fuerza, nos sorprende, nos atrapa la atención y provoca, al menos a mi, muchísima inspiración.

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