El lenguaje de las emociones


Ayer, sábado 27 de Marzo, tuve una experiencia excepcional con personas excepcionales que me despertaron un cúmulo de emociones que quiero rescatar en este cuaderno de reflexiones, con el objetivo de tomar conciencia de mis propias sensaciones, y seguir saboreando este momento tan especial que tuve la oportunidad de vivir ayer.

Andoni Zubizarreta, compañero y amigo, y yo habíamos sido invitados a comer por Eduardo Punset y por su hija, Elsa, a su masía del Ampurdan, tras el encuentro fugaz en el AVE que habíamos mantenido hacía un par de meses con el mismo Eduardo.

En principio, mi curiosidad y mi deseo por conocer a esta familia tan singular, eran muy grandes. Días atrás mi imaginación volaba, me llevaba a pensar en lo que podría suceder, lo que allí nos encontraríamos, en el entorno, en el momento, en la conversación... mis emociones eran muchas y varias, pero con toda seguridad puedo decir que la ilusión y la alegría, eran las más destacadas.

Durante el camino hacia Fonteta, Andoni y yo, fuimos conversando de diferentes temas como es habitual en nosotros. Pero algo sucedió en el camino: a medida que íbamos realizando kilómetros, el entusiasmo que sentía en el ambiente del coche me empapaba y me calaba los huesos. ¡Qué afortunados que somos! nos decíamos el uno al otro, ¿qué habrán visto en nosotros para invitarnos de esta manera tan especial? nos preguntábamos desde la inocencia y la curiosidad.

Cuando llegamos a su casa, una masía del siglo IX, sentí en la atmósfera una inmensa calidez y sencillez, como si aquellos viejos muros de piedra supieran "tratar" a la perfección a los foraneos. Era como cuando llegas a un lugar conocido y familiar, donde te sientes cómoda porque todo sigue como siempre.

La primera que nos recibió fue Elsa. Ella me despertó mucha vitalidad y frescura. A continuación fue Eduardo. Él me conectó inmediatamente con la humanidad y la sabiduría. Nuestras palabras y saludos de agradecimiento no se hicieron esperar. Rápidamente conectamos y nos integramos en el ambiente de aquel hogar como peces en el agua.

Paseamos por el jardín de cipreses, destrozado en parte por las nieves de los pasados días; conversamos de proyectos, de ilusiones, de libros, de deporte, de viajes, de ciencia, de... la vida que vivimos; comimos una deliciosa fideua y unos postres exquisitos hechos con mucho amor por Amalia; nos conocimos, nos gustamos, tanto que nos atrevimos a proponernos colaborar juntos en un futuro inmediato con un proyecto relacionado con las emociones. ¡Qué subidón!, ¡Qué sorpresa!, ¡Qué oportunidad!

Nuestra despedida fue sentida y repleta de expectativas y esperanza. El abrazo que nos regalamos con ambos no fue un adíos, fue un hasta luego.

Hoy me siento inmensamente afortunda por las oportunidades que me aparecen continuamente. Hoy me siento como nunca, acompañada de mis emociones más positivas: ilusión, alegría y entusiasmo. Hoy me siento como la mariposa de la foto, dispuesta a desplegar sus alas hacia la vida y volar.



Comentarios

  1. Maribel, no me canso de leer sobre tus experiencias, sobre tus ilusiones, sobre tus alegrias y tu entusiasmo, me inspira mucho y tu lo sabes bien :). Y las fotos son muy bonitas. Gracias por compartirlas.

    Gabi :)

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  2. Hablar de emociones es hablar con mayúsculas, estas pueden adquirir diferentes tonalidades. Tu experiencia ,como la cuentas ,la forma que toma, la delicadeza de tus expresiones llegan de tal manera que te hacen transportarte a ese lugar del que hablas .El contacto con esta familia , la emoción que sentiste al darte la oportunidad de conectar con personas tan profundas , tan cultivadas y lo que pudiste transmitir y que te transmitieron explicado por ti parece más cercano y cotidiano.
    Hace unos días preguntaste que necesitabas para retomar tu bloc y creo que la respuesta no está en nosotros sino en ti, espero que mis palabras te estimulen a seguir, a retomar, a continuar.
    Saludos cordiales
    Isabel Ros

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