RESPONSABILIZARSE es buscar soluciones no culpables



Maribel Martinez de Murguía



La responsabilidad como valor universal tiene muchas aristas desde las que mirar. En esta ocasión quiero tratar este valor desde el acto de buscar soluciones y no culpables, implicándonos con la mejor de nuestras actitudes.

Responsabilizarse no siempre es fácil. Asumir y aceptar que algo no ha salido de la manera deseada o esperada y que hemos sido causantes de ello… es complicado.

Somos especialistas en “sacar balones” en “quitarnos el muerto de encima” desde el “sálvese quien pueda”.  Ya desde muy pequeños, y puedo verlo con mis propios hijos, nos protegemos de esta manera pensando que es la mejor solución, sin ser del todo conscientes del impacto que tienen este tipo de acciones en nosotros mismos y en la relación con los demás. Así lo resolvemos, o mejor dicho así nos defendemos porque, en general, en nuestra sociedad, por cierto poco consciente y escasamente madura, el error está penado con el castigo y no con el aprendizaje, y desde ahí, ¿a quién le gusta ser castigado?

Pero, ¿por qué nos empeñamos en buscar siempre culpables?, ¿por qué el dedo acusador se dispara de inmediato señalando al causante del error?, ¿cómo es que no vemos que al señalar con el dedo índice siempre hay tres dedos que nos señalan a nosotros mismos? La causa es el miedo y, a veces, la vergüenza. Miedo a las consecuencias, miedo al castigo, miedo a que quede dañada nuestra imagen, prestigio, estatus… a que puedan perder la confianza en nosotros. Vergüenza en reconocer nuestra debilidad. Vergüenza en que quede delatada nuestra incapacidad o torpeza o falta de habilidad…

A veces dejamos de ser responsables porque aparecemos con una postura “victimista” basada en el sentimiento de “qué mala suerte tengo”, o del “yo no puedo hacer nada” sintiéndonos “protegidos” por la compasión que podemos despertar en los demás, eso sí, sin realizar nosotros mucho al respecto.

Otras veces metemos “debajo de la alfombra” aquello con lo que no nos atrevemos. Es entonces cuando nos escudamos en creer no saber cómo hacerlo, en no sentirnos preparados, o en sentir, sencillamente, miedo… todo eso, en mi opinión, son excusas para evitar el conflicto. Es el reflejo de un comportamiento pasivo que pospone, evita, esquiva… cuando el problema es importante lo que conseguiremos, sin ser muy conscientes de ello, es que algún día explotará y el conflicto se multiplicará exponencialmente, o bien se pudrirá en nosotros teniendo que soportar una pesada carga durante mucho tiempo que podría desembocar en un profundo estrés y desmotivación.

La responsabilidad es sobre todo querer dar una respuesta mostrando implicación para enfocarnos a las posibles soluciones, no a los problemas. Es querer demostrar que aquello que sucede nos interesa, nos importa porque sentimos y creemos que existe un fuerte compromiso por nuestra parte. Es querer tomar “cartas en el asunto” porque nos sentimos “arte y parte” para hacer algo al respecto sin “escurrir el bulto”.

Para eso, hay que ser valiente, hay que tener coraje, pero ante todo hay que ser maduro.

En esta ocasión la foto que os ofrezco es el preludio de una fuerte tormenta, con sus nubes oscuras cargadas de agua. En nuestras relaciones , son “tormentas/conflictos” los que solemos provocar cuando tratamos de eludir responsabilidades, y curiosamente la mejor manera de resolverlos es precisamente “mojándonos” en el asunto.

¿Cuánto sueles “mojarte” en los diferentes acontecimientos de tu vida?

Comentarios

Entradas populares de este blog

El COMPROMISO es un gran acto de AMOR

La puerta al cambio: querer aprender

Bienvenid@s al Club de la Avellana